Miercoles 22 de Noviembre del 2017 - 22:59

Proponen avanzar en el estudio de hongos en la escena del crimen para optimizar la justicia

“Los hongos son una herramienta para conocer el intervalo post mortem y algunos otros datos”, señala la especialista María Cecilia Tranchida. En un contexto social que pide celeridad y eficacia para resolver los crímenes, la Micología Forense -desarrollada por la investigadora del CONICET- avanza para inferir el momento, causas y circunstancias de una muerte.

El 9 de julio de 2007 un hecho insólito cambió la rutina de varias ciudades, entre ellas La Plata. Hacía mucho frío, tanto, que sucedió un fenómeno ilógico para la zona. Cayó nieve. Un manto blanco que lo cubrió todo. Del suceso histórico quedaron fotos: de copos cayendo, de muñecos de nieve improvisados en las plazas y también una más lúgubre, que en 2009 un colega le mostró a la investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) María Cecilia Tranchida. Era la imagen de un cuerpo congelado y abandonado. Al observarla, Tranchida no solo vio el cuerpo: también vio los hongos que habían crecido en ese cuerpo y se lamentó de no haber podido intervenir:

“Los hongos son una herramienta forense. El cuerpo –explica Tranchida, flamante miembro del Programa Nacional Ciencia y Justicia- tenía manchones de hongos en la cara y en las manos y no tenía actividad de insectos ni de fauna cadavérica por el frío. En ese caso, por los hongos, podríamos haber conocido el Intervalo post mortem y algunos otros datos”.

Estudió Licenciatura en Ecología en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y posteriormente realizó su tesis doctoral en control biológico de mosquitos vectores como Aedes aegypti y Culex pipiens. Pero algo no le convencía: había mucha gente dedicándose al mismo tema. Ella quería encontrar un tema que sirviese para aplicarlo a la Justicia. En el interín, hizo un curso de Entomología Forense –la utilización de fauna cadavérica o insectos para datar un intervalo de muerte- en la Universidad Nacional de Quilmes y advirtió que en se área también había muchos profesionales trabajando, no así en hongos y bacterias. Conversando con su ahora co-director, el Dr. Néstor Centeno, entomólogo, surgió la idea de estudiar a los hongos en la escena del crimen para poder emplearlos como evidencia forense.

Como antecedente para comenzar su línea de estudio, Tranchida encontró el trabajo de científicos japoneses que estudiaron los hongos aislados a partir de dos cuerpos hallados en diferentes condiciones con evidente crecimiento fúngico. También, el trabajo de autores americanos que a través de la biota fúngica del suelo y las modificaciones que ésta experimenta cuando un cuerpo se descompone, lograron detectar lugares de entierro clandestino -que suele ocurrir en el intento de ocultar un crimen- y a la vez determinar cuánto tiempo llevaban esos cuerpos enterrados. Según explica la investigadora, “un cadáver es una fuente de materia orgánica disponible para el suelo, y el aporte de compuestos nitrogenados un factor que contribuye a la modificación de la biota fúngica del mismo y que permite detectar entonces lugares de entierro”.

Tomando en cuenta esos pocos antecedentes que encontró, Tranchida y su equipo se lanzaron a desarrollar la Micología Forense como nueva línea de investigación. El objetivo de la línea es “estimar intervalos post-mortem y post-entierro a partir de la biota fúngica hallada en cadáveres y fosas de entierro clandestino”.

Para alcanzar este objetivo, técnicamente, los científicos interpretan el proceso de descomposición cadavérica como una sucesión biológica –“la evolución que se da de manera natural en un sistema, y que por su dinámica interna los organismos que lo integran se van sustituyendo unos a otros a lo largo del tiempo”-. “Intervienen organismos descomponedores que van desde organismos oportunistas, que son los primeros que arriban al cuerpo, hasta organismos específicos en las últimas etapas del proceso. En nuestro caso la idea es llegar a conocer la sucesión que experimentan los hongos desde los oportunistas hasta los específicos, conociendo qué especies se hacen presentes en cada etapa de la descomposición del cadáver y así relacionar especies con los diferentes tiempos, pudiendo establecer tiempos de muertes si se trata de hongos sobre cuerpos o tiempo de entierro si trabajan con suelo”, puntualiza Tranchida.

Tranchida subraya que la relación con la Justicia para la toma de muestras y el acceso a los casos, como también la falta de personal capacitado en la detección de hongos y la toma de las muestras, son dos cuestiones que se proponen optimizar a través del Programa Ciencia y Justicia: afianzar la relación entre los investigadores forenses y el personal judicial, como también lograr que el personal en la escena del crimen, perteneciente a la policía científica, pueda capacitarse para tomar muestras de hongos y así poder avanzar en la aplicación de esta herramienta forense.

“La línea, daría como resultado una herramienta sólida para la obtención de evidencia, de manera multidisciplinaria, ya que la intervención de profesionales de otras áreas -entomología, palinología, toxicología, entre otras- enriquece ampliamente la línea mediante los aportes de sus investigaciones, dando datos certeros y útiles para la Justicia”, resume la investigadora.


Fuente: CONICET