Viernes 26 de Mayo del 2017 - 14:05

El Frankenstein del cambio

Por Fernando López Ariñez (CENACK)*La llegada a la presidencia de Mauricio Macri en el año 2015 apresuró un proceso de revisión a lo largo de la región que consagró el establecimiento del “marketing político” como principal herramienta electoral por parte de los sectores conservadores.

La victoria en segunda vuelta del actual presidente argentino fue centrada en la idea del “cambio” (sin aclarar en qué dirección) que fue capaz de inducir un clima de fatiga en la población respecto a procesos políticos de larga duración como el kirchnerismo. Dicha idea fue expandida a la región y acrecentada a partir de la destitución de Dilma Rousseff en Brasil, la victoria del MUD en las elecciones de la Asamblea Nacional en Venezuela y por último la derrota de Evo Morales en el referéndum sobre su repostulación como candidato a la presidencia en un nuevo período.

Los que fomentan la idea del “cambio”, buscan caracterizar y disputar el balance de la última década en la región señalando el manejo inapropiado de la “bonanza” de los precios internacionales de las commodities, el supuesto estancamiento económico y el aumento de la pobreza estructural, y el presunto auge de la corrupción del que se tenga memoria.

Tal intento simplista de caracterizar una década mucho más compleja, tuvo su primer cuestionamiento en la segunda vuelta en Ecuador, donde el oficialista Lenin Moreno se alzó con el triunfo en una elección reñida pero que contaba con el antecedente de la victoria de su partido, Alianza País, que logra la mayoría en la Asamblea Legislativa el 21 de febrero del presente año. Por el otro lado, el candidato opositor, Guillermo Lasso, hizo hincapié en el libreto al que nos referimos para cuestionar a los gobiernos progresistas e instalar su principal slogan: “vamos por el cambio”, esquivando el debate de las cuestiones económicas y sociales, ocultando su desempeño en el cargo de ministro de economía en la presidencia del neoliberal Jamil Mahuad.

La derrota electoral pone en evidencia que la idea de “cambio” en la región comienza a sufrir un evidente desgaste a partir de la conflictiva situación que atraviesan los gobiernos de Mauricio Macri y del destituyente Michel Temer en Brasil, a partir de la aplicación de las conocidas recetas del neoliberalismo. Pero esta vez, a diferencia de los años 90, sin que medie una crisis análoga que facilite su sustento. El efecto de distintas medidas como la reforma del sistema previsional en Brasil o el aumento de tarifas en Argentina, entre otras, generan un clima de conflictividad social donde, esta vez, los trabajadores y los movimientos sociales oponen crecientes resistencias lo que genera retrocesos en ambos gobiernos que evidencian su fragilidad y el descreimiento de parte de la población. A partir de esto, ambos gobiernos ensayan una estrategia de prueba y error de cara a la población, que termina siendo la aplicación de un neoliberalismo “vergonzante” que no se explicita como tal sino que sigue la receta del “marketing político” y se cubre con el blindaje que le otorgan los medios de comunicación. Entonces, cómo explica la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner para el caso argentino, se busca instalar que bajo su gestión existía una crisis asintomática (“la pesada herencia”) y que ahora se abre camino una recuperación, también asintomática, que no se refleja en los hechos y que el “marketing político” aún no logra instalar. Similar situación transcurre en Brasil donde Michel Temer tiene los índices más bajos de aprobación popular y donde sus políticas económicas no producen ninguna mejoría en la economía. Por el contrario, profundizan la recesión y solo se pueden escudar gracias a la cacería judicial iniciada a ex funcionarios del PT y en particular, contra el ex presidente Luiz Inácio Da Silva.

Es decir, nos encontramos en un periodo que como caracteriza Emir Sader, quedan claras las opciones: por un lado, el modelo neoliberal que se camufla de “cambio”, pero una vez que asume el gobierno promueve la centralidad del mercado junto al achicamiento del Estado y, de otra parte, las alternativas anti neoliberales que se han valido del Estado para promover los derechos sociales y promover el crecimiento económico. Todo parece indicar que las condiciones actuales se diferencian de manera notoria de las de los años ‘90, cuando la ofensiva neoliberal contaba con aliento y recursos que la crisis actual en el planeta no las facilita. Se vislumbra en la región una polarización que tiende a disminuir las chances de opciones intermedias, lo que seguramente irá en aumento cuando se aproximen las elecciones legislativas en Argentina, en octubre del presente año, la convocatoria a una Asamblea Constituyente en Venezuela, y las elecciones presidenciales en 2018 a realizarse en Brasil y México, país este último que, con la llegada de Trump, potencia la alternativa progresista en torno a López Obrador. Como nos explica Álvaro García Linera, podemos estar en las vísperas de una nueva oleada de gobiernos progresistas que hagan retroceder las actuales pretensiones restauradoras del orden neoliberal que, como un nuevo Frankenstein, apenas si ha podido comenzar a caminar.


Por Fernando López Ariñez. Integrante del equipo de investigación sobre América Latina que dirige Mario Toer en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Nota de opinión publicada por CENACK (Centro de Estudios Nuestroamericano Chávez-Kirchner).

 

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