Lunes 25 de Septiembre del 2017 - 23:40

Nuevas lluvias de meteoros se descubren en la estación astronómica de Río Grande

Uno de los fenómenos más extraños y cautivantes en el cielo nocturno lo constituyen las ‘estrellas fugaces’: rápidas trazas brillantes que son comúnmente observadas durante una noche despejada y oscura, como estrellas que literalmente caen desde el firmamento.

Esto se manifiesta de dos maneras: esporádicamente, o agrupados, surgiendo de un mismo punto del cielo durante noches consecutivas. A los primeros se los conoce como ‘atmósfera.”>meteoros esporádicos’ y a los segundos como ‘lluvias de meteoros’ o, en una expresión incorrecta pero más común y hasta romántica, ‘lluvia de estrellas’.

Desde el año 2010, el radar de meteoros instalado en la Estación Astronómica de la Universidad Nacional de La Plata en Río Grande, Tierra del Fuego, logró observar cincuenta y ocho lluvias de meteoros de distintas intensidades, 34 de las cuales son nuevas, es decir, nunca antes observadas.

Para el jefe del Observatorio, José Luis Hormaechea, “los resultados obtenidos en Río Grande han sido muy promisorios; es un número de gran significación ya que la lista oficial de la Unión Astronómica Internacional reúne 112 lluvias confirmadas y otras 500, aproximadamente, en espera de confirmación”.

El hallazgo de las lluvias de meteoros reviste particular importancia porque contribuye al estudio de cometas y asteroides. Siendo fragmentos de sus cuerpos progenitores, estas partículas que caen desde el cielo ayudan a comprender el origen y la evolución de los mismos. En el caso de las lluvias nuevas, donde en principio es frecuente desconocer el cuerpo originario, sirven para (indirectamente) analizar cuerpos aún desconocidos. Las lluvias mismas, su formación y evolución, son objeto de modelado y estudio permanente.

Las nuevas lluvias descubiertas desde la EARG ya forman parte de la lista de trabajo de la Unión Astronómica Internacional (IAU) y constituyen, consecuentemente, un hallazgo científico de enorme trascendencia a nivel global.

Desde 2008, la Estación Astronómica Río Grande cuenta con un radar de meteoros, instalado en colaboración con instituciones del exterior. Los meteoros que ingresan a velocidades de entre 20 y 70 km/segundo, en un radio de 500 km de la ciudad de Río Grande, son registrados por este instrumento. Aproximadamente, quince mil detecciones por día dan idea de la cantidad de material extraterrestre que permanentemente ingresa a nuestra atmósfera. En 2010, este instrumento fue complementado con estaciones remotas que permiten mejorar la determinación de órbitas de los meteoroides que ingresan a la atmósfera terrestre.

Su alta sensibilidad y su capacidad de detección durante las 24 horas del día, permite la observación de meteoros tanto esporádicos como de lluvias, con masas tan pequeñas como de un gramo o menos.

Unas dos mil órbitas diarias son calculadas a partir de las detecciones comunes entre el instrumento central, situado en la Estación Astronómica y las tres estaciones remotas, situadas a unos 10 km aproximadamente de la misma. Sobre este gran volumen de datos, hoy supera los dos millones de órbitas (siendo inédito para el Hemisferio Sur), es poco efectivo y casi imposible realizar una búsqueda manual, por lo tanto se aplican algoritmos matemáticos sobre las observaciones de varios años, con el fin de individualizar lluvias de meteoros.

Aporte de la EARG

La EARG contribuyó significativamente a la lista de la UAI con 34 nuevas lluvias, remarcó Hormaechea. Y agregó: “entre éstas se destacan las Octántidas, las Rho Fenícidas y las Psi Fenícidas, con duraciones de 20, 10 y 23 días respectivamente, y órbitas de gran inclinación, muy probablemente producto de actividad de cometas tipo Halley; o el complejo de ocho lluvias denominado Púpidas-Píxidas, con una duración conjunta de 40 días, órbitas de gran inclinación, 67 grados, bajas excentricidades y semieje mayor cercano a 150 millones de kilómetros, la distancia de la Tierra al Sol. Sería la contraparte austral de un complejo similar en el Hemisferio Norte, descubierto desde Canadá hace algunos años.

Y detalló: “no todas son firmes candidatas a ser confirmadas pues algunas apenas han satisfecho los criterios de búsqueda. Por ejemplo, las Beta Aquílidas, cuyo radiante está en el hemisferio norte celeste y que, extrañamente, no fue registrada por otros observatorios. Se le estimó una duración de ocho días y si se confirmara, a pesar de las dudas, su cuerpo progenitor podría ser un asteroide del grupo cercano a la Tierra. Así y todo, no deja de ser interesante”, dijo el investigador.

Las lluvias se nombran según la constelación en la que está ubicada el radiante, por ejemplo, las Oriónidas. Adicionalmente, una letra griega indica la estrella brillante más cercana al punto desde el cual parecen surgir, como en Alpha Capricórnidas.

En los primeros días de mayo las Eta Aquáridas se hizo presente. El cuerpo progenitor de esta lluvia es el cometa Halley, como en las Oriónidas. Ambas fueron detectadas desde Río Grande, estimándose para las Eta Aquáridas, según registros propios, una duración de 28 días y una velocidad típica respecto de la Tierra de 64 km/segundo. El momento cúlmine de la lluvia ocurre en la primera semana de mayo.

La lluvia de meteoros

Recién en el siglo XIX pudo establecerse que este fenómeno se producía dentro de la atmósfera, entre 80 y 110 km, pero que los meteoros provenían del espacio exterior, fuera de la Tierra. En el transcurso de ese siglo también se determinó que los meteoros de una misma lluvia compartían una órbita común y que, además, podrían estar relacionados con los cometas.

En efecto, hacia fines del siglo XIX estaba establecido que los cuerpos progenitores de algunas lluvias de meteoros conocidas eran cometas periódicos. Entre ellas las Oriónidas, ocurren a fines de octubre, que comparten la órbita con el famoso cometa Halley.

Desde entonces, numerosas lluvias fueron observadas y muchos cuerpos progenitores, en general cometas, fueron relacionados con las mismas.

En efecto, el origen de las lluvias está en la continua disgregación, por diferentes mecanismos, de cometas y asteroides a medida que viajan por el sistema solar quedando, en principio, estos restos compartiendo órbita con el cuerpo progenitor. Cuando la Tierra cruza la órbita de alguno de estos cuerpos progenitores se produce una lluvia de meteoros, que puede duras horas, días o meses.

Fuente: Argentina Investiga | Universidad Nacional de La Plata – Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas