Miercoles 18 de Octubre del 2017 - 06:32

Dossier: De “Following” a “Dunkerque”: Nolan, un submarino en el desierto

Este año Christopher Nolan regresa con Dunkerque (2017), un concierto bélico que se centra en un hecho real de la Segunda Guerra Mundial para socavar sobre la pantalla con todo su arsenal ya conocido. Sin embargo, Nolan lo convierte en un hecho concreto, en una melodía atractiva sin mensajes de búsqueda filosófica a posteriori (que uno lo puede encontrar), siendo esta vez lo más moderno y clásico posible.

Empieza con un manejo particular del suspenso en el aire, que flota e irrumpe constantemente, como si le agregara al thriller una velocidad distinta. Y entonces el tiempo, importante y manipulable, funciona como si una bomba estuviera siempre a punto de estallar, con escenas tranquilas y anodinas impregnadas por ese aire de tensión ante lo que pueda ocurrir.

No por nada si de tiempo se trata, es lógico que tomara temas relacionados como los sueños -El Origen (Inception, 2010)- y la ciencia ficción -Interestelar (Interstellar, 2014). Precisamente lo mencionado ha sido desarrollo también en su saga de Batman, sobre todo en Batman: el caballero de la noche (The Dark Knight, 2008), quizá una de sus mejores películas y donde los personajes corren detrás de un joker que los aprisiona desde el tiempo y la velocidad.

Sin embargo, el tiempo es un elemento ya presente desde Following (1998), su primer largometraje. Aquí desde la primera secuencia vemos a un personaje en un momento de tensión e inmiscuido en el tiempo de una persecución. En esta película, acertadamente, logra que las imágenes documentales se impregnen de dicho aire de incertidumbre e inestabilidad.

Desde luego la herramienta siempre se construye con un montaje rítmico y una música que, con el paso del tiempo, Hans Zimmer ha sintetizado en una especie de reloj que marca la urgencia de la situación. Un detalle que lo perfecciono en Batman: el caballero de la noche y que ahora reaparece en Dunkerque.

Es obvio que Nolan al agregar elementos al thriller está lejos del terror de David Lynch o Kiyoshi Kurosawa, incluso Roman Polanski en cuanto a adentrarse en lo psicológico, porque en lugar de perturbar una mirada hacia la fantasía enfermiza del terror puro, hace que una mirada quede influenciada por un problema del contexto. A causa de conflictos verosímiles o naturales, los personajes van mutando sin salirse del mundo creado. Es que Nolan está más preocupado en la humanidad de sus historias, como lo hace con Batman y el Joker, que en la exploración del mal desde la locura y el pasado.

En otros términos está Noches Blancas (Insomina, 2002), donde Al Pacino no puede dormir por llegar a una ciudad donde no existe la noche y desde ese momento empieza la confusión y los problemas, lo mismo que en Memento (2000), que si bien es un problema clínico, el personaje nunca sale de su dificultad y es contra la cual tiene que luchar para esclarecer el crimen.

El caso de Memento es paradigmático, puesto que nos habla de ese tercer elemento que agrega al thriller y que tiene que ver con la estructura utilizada por Nolan. Esta película protagonizada por Guy Pearce es la deconstrucción de un guion clásico, ya que se cuenta al revés aunque seguramente fue escrito de manera lineal y luego alterada. Así el efecto se potencia desde el lado narrativo y con ello, trajo de manera novedosa la mezcla de historias y voces paralelas como en El gran truco (The Prestige, 2006) y lo continua ahora en Dunkerque.

Cabe señalar que Nolan es estigmatizado por su exageración efectista del tiempo, del montaje y de la banda sonora, así como de subtemas filosóficos y existencialistas que yacen en sus estructuras. Pero es el manejo de estos elementos lo propio de su imagen visual. Desde que apareció se apuntaló como un director de cine de acción, que se enfoca en la materia con personajes heridos corporalmente, máscaras de payaso, tatuajes, sombreros, cambios de clima, y por otro lado, vueltas de tuerca siempre que rompen con lo previsible. Elementos que buscan convertir desde sólidos guiones, pequeñas historias en grandes epopeyas.

Un estilo de submarino que busca la emoción en el desierto de la creatividad. Sin duda encontró la herramienta para potenciar lo que buscaba. Tanto en Following (1998), como en Batman: el caballero de la noche y ahora en Dunkerque (2017), trabaja desde la acción pura a partir de tres tiempos distintos y nos muestra lo mismo desde dos puntos de vista, sin perder control ni efecto. En su ultimo film los personajes casi no hablan, por lo cual esta vez depura sus propias características siendo más concreto. Con ello convierte a Dunkerque en un gran suceso dentro de su vertiginosa filmografía.

 

Fuente: escribiendocine.com