Viernes 24 de Noviembre del 2017 - 08:23

Ante el avance de la derecha antidemocrática

Por Norberto Alayón | Empiezo por el final: el próximo 22 de octubre hay que votar contundentemente por la opción de Unión Ciudadana y de otras alternativas de carácter nacional y popular en todo el país, para tratar de evitar que avance aún más el proyecto conservador y neoliberal de la Alianza PRO-UCR, liderada por Mauricio Macri.

Se tratará, una vez más, de una ocasión crucial que impactará significativamente -para bien o para mal- en el futuro del país. Por ello, es necesario reforzar al máximo la vocación de compromiso para defender los derechos adquiridos y el bienestar general del conjunto de la población. Será menester, también, preservar la suficiente lucidez para comprender las contradicciones principales que representan los proyectos en juego y sus respectivos candidatos. Y asimismo, evitar -aún resignando ciertas aspiraciones personales- los intentos de fragmentación del campo popular que impulsan los sectores más retardatarios de la sociedad, apañados y sostenidos por el enorme poder que deviene de la concentración económica y mediática y del apoyo judicial.

No resulta necesario abundar en lo que todo el mundo sabe o debe saber al momento de direccionar su voto el 22 de octubre: si triunfa el macrismo, el retroceso nacional será mucho peor aún. Intentar ponerle ciertos límites al proyecto conservador vigente y a sus políticas devastadoras, exigirá optar decididamente por aquellas propuestas electorales que encarnen con mayor posibilidad de éxito la oposición a la barbarie del modelo actual.

Los proyectos de la derecha, como el macrismo actual, son intrínsecamente antidemocráticos, en tanto su centralidad conceptual radica en la exclusión, en la subordinación y en la no existencia de derechos igualitarios para todos los habitantes. La democracia real va mucho más allá de los necesarios momentos electorales. Por otra parte, las formas operativas que suelen asumir los sectores de derecha mientras ejercen el poder, se caracterizan por su importante nivel de arbitrariedad.

Hace más de un año, en octubre de 2016 en el Congreso Nacional de Trabajo Social llevado a cabo en San Juan, hice referencia a la vigencia en Argentina, ya en ese momento, de un creciente sesgo autoritario que podría caracterizarse como una suerte de “dictadura democrática” o de “democracia dictatorial”. Hoy, diversas medidas del gobierno macrista van convalidando lo preanunciado hace más de un año atrás.

Martín Granovsky, en “Página 12” del 18 de agosto pasado, escribió una nota donde analiza y pone en cuestión el escrito del día anterior del politólogo José Natanson, que definió al macrismo como “una derecha democrática y renovada”. Granovsky brinda trece ejemplos que evidencian la lejanía del funcionamiento democrático. Habría que agregar en ese listado otros nuevos ejemplos que se verificaron en estos últimos dos meses. Una derecha “renovada”, sí, ¿pero democrática?

Como ocurrió con otras elecciones, no hay que volver a caer en el error de subestimar a esta nueva derecha. Decía, con certeza, un líder de la política mundial que “el principio fundamental de la táctica es no subestimar la capacidad del adversario”. Y esto sucedió en los últimos años, al suponerse indebidamente que el macrismo se trataba solamente de mera frivolidad y agitación de globos amarillos y, a la par, dejar de visualizar a quién había que votar prioritariamente para que la derecha más dura no triunfara.

En 2007 escribí una “Carta para mis amigos no macristas” tratando modestamente de influir ante la inexplicable posición de algunos sectores “progresistas” que, entre la opción de Daniel Filmus y Mauricio Macri, preferían votar en blanco o a cualquier otro candidato. Ganó Macri y ahí no sólo lo empezamos a sufrir, sino que ese cargo le permitió ir consolidando su posición en la aspiración presidencial futura, que finalmente concretó en 2015.

En 2015, muchos no comprendieron que era preferible votar a Martín Lousteau (a pesar de su perfil también conservador), para evitar que ganara Horacio Rodríguez Larreta. Había que privilegiar un voto decisivo en contra de Larreta, para debilitar el ascenso de Macri. Ganó Larreta, lo sufriremos hasta 2019 y fortaleció la futura elección de Macri para la presidencia.

En el mismo 2015, la elección presidencial nos colocó ante la disyuntiva central entre Daniel Scioli y Mauricio Macri. Una vez más surgieron las dudas de muchos confundidos o engañados, de muchos “progresistas”, de muchos “izquierdistas”, que no supieron identificar al adversario principal. Ganó Macri y aunque ahora muchos se expresan arrepentidos, el país -especialmente los sectores populares- lo sufre y lo sufrirá hasta 2019.

Cierro estas opiniones reiterando el párrafo inicial de esta nota: el próximo 22 de octubre hay que votar contundentemente por la opción de Unidad Ciudadana y de otras alternativas de carácter nacional y popular en todo el país, para tratar de evitar que avance aún más el proyecto conservador y neoliberal de la Alianza PRO-UCR, liderada por Mauricio Macri.


Norberto Alayón | Profesor Consultor de la UBA