Martes 12 de Diciembre del 2017 - 20:21

Un submarino que explotó, tropas extranjeras, bronca y furia

Por Rubén Armendáriz | Dolor y mucha furia fue la reacción de los desesperados familiares de los 44 tripulantes del submarino argentino ARA San Juan, que desapareció en el Atlántico sur en la mañana del 15 de noviembre, cuando un jefe de la Marina utilizando un lenguaje científico les comunicó sobre un evento violento, singular, anómalo, corto y no nuclear consistente con una explosión.


Para los familiares de los 44 tripulantes la explicación sonó a burla, ya que la tragedia se resumía en una corta frase: el sumergible explotó. Y de allí los gritos y los insultos que no dejaron que se acabara de leer el informe en la base naval de Mar del Plata revelaron un profundo descontento que iba mucho más allá de esta tragedia, describe la periodista Stella Calloni.

El dato trascendental acercado a la Armada por la Organización del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares confirmó las peores presunciones: el ARA San Juan sufrió un evento cataclísmico en plena navegación hacia Mar del Plata, a unas 30 millas náuticas al nornoreste de su último punto de contacto radiofónico, a más de 400 kilómetros de la costa patagónica, frente al golfo San Jorge.

El vocero de la Armada, Enrique Balbi, sostuvo que las fuerzas internacionales que se unieron a las argentinas para la búsqueda y rescate del submarino argentino se concentrarán en tratar de ubicar dónde está el TR-1700 (modelo del submarino). En caso de que haya ido a fondo más allá del talud de la plataforma continental, no se puede descartar que el casco resistente del sumergible haya colapsado irremediablemente. Hasta que no haya una certeza y una evidencia, la búsqueda continúa con todos los medios, dijo.

“Nos engañaron, lo sabían porque fue el mismo día 15 que esto sucedió, fueron perversos, mataron a los nuestros”, clamaban los familiares. Jesica Gopar, esposa del tripulante Fernando Santilli, dijo que hablando con personal de la Armada les dijeron directamente que la nave podría haber estallado y les aconsejaron llevar flores al mar. Añadió que cuando fue a la base a recibir apoyo sicológico sólo le ofrecieron un vaso de agua y una pastilla.

“Están todos muertos, nos confirmaron que están todos muertos”, sollozaba el padre de uno de los tripulantes, al referirse al informe de la Armada de que el ARA San Juan sufrió una explosión a las 10:31, justo tres horas después del último contacto. “No puedo hablar mucho. Me llamaron hace 15 minutos y me dijeron que hubo una explosión a 200 metros de profundidad y que todos están muertos (…) Es básico, no hay mucha vuelta qué darle. Explotó a 200 metros de profundidad y no hay humano que sobreviva a eso”.

Entre los 44 marinos, figuraba la teniente Eliana María Krawczyk, de 35 años, la única mujer submarinista en el país. Itatí Leguizamón, esposa de otro tripulante, replicó: ¿Quién es tan estúpido como para creer que recién ahora detectaron la señal de la explosión? Si antes habían dicho que hubo una falla leve –un incendio–, ¿por qué después dicen que fue una explosión?”

Claudio Rodríguez, hermano de Hernán, el jefe de máquinas, no disimuló su pesimismo: “Todavía no encontraron los cuerpos, cuando lo hagan y cuando los saquen, si es que los pueden sacar, yo como familiar, y esto se lo dije al Almirante anoche, si ha sido culpa de ellos, esperemos que paguen todos los jefes”.

 ¿Presencia estadounidense? 

En primer lugar el gobierno del presidente Mauricio Macri deberá explicar a la población y al Congreso por qué estaban militares y científicos de la estadounidense Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés) desde la segunda quincena de octubre y por qué llegaron a Ushuaia buques el 31 de ese mes, lo que es absolutamente ilegal.

También debe explicar si ya estaban haciendo maniobras naves estadounidenses de la Cuarta Flota y otras que habían participado recientemente en Chile de un simulacro de desaparición y hundimiento de un submarino. Si en función de la búsqueda del ARA San Juan, Estados Unidos, que envió aviones Galaxy, estaría instalando una base militar y otra de control de ensayos nucleares en Tierra del Fuego, la llamada isla del fin del mundo, más despoblada ahora al cerrarse en los pasados dos años las fuentes de trabajo.

La desconfianza sobre estos hechos ha generado una fuerte tensión entre la sociedad civil, así como sectores políticos y científicos. Y se cruzan hipótesis de todo tipo. El analista Daniel do Campo Spada sostuvo que el régimen de Macri autorizó el ingreso de cientos de soldados y material bélico (incluidas naves y armamentos) estadounidenses a territorio argentino sin acuerdo del Congreso, como ordena la Constitución.

Esto aumentó con la excusa de colaborar en la búsqueda del submarino argentino, que desde su punto de vista habrían hundido por error en maniobras conjuntas que tampoco fueron autorizadas por el Congreso. En este caso recordó que la propia embajada estadounidense en Buenos Aires se ufanó de la presencia militar que están logrando por primera vez en la historia argentina, en reciente entrevista con el diario Clarín.

Do campo señaló que se están instalando también en la base de Comodoro Rivadavia. Aunque se denominan Comando de Rescate son unidades de ataque y ocupación que están ingresando con aviones de gran porte como se ha comprobado en días recientes. Recordó que el Congreso ni autorizó ni debatió esta ocupación de personal especializado usando como pretexto la desesperación en la búsqueda de sobrevivientes en el sumergible hundido. Resaltó que unidades submarinas de alta sofisticación no tripulada y aviones con conexión satelital de la NASA ya ocupan gran parte de la base de la marina en la zona.

Por su parte, el periodista y escritor Juan Salinas afirma que el gran dolor ante tamaña tragedia lo obliga a hacer preguntas porque se impone saber una verdad que “no reconocerá las barreras de una prensa amordazada: ¿Cómo y por qué sucedió este grave hecho? ¿Cuál era la misión secreta del ARA San Juan como reconoce una juez federal? ¿Quiénes eran los tripulantes supernumerarios? ¿Tuvieron algo que ver Estados Unidos o Gran Bretaña? Si había una misión secreta, ¿la autorizó el presidente?”

Y añade: ¿aprovechará Macri para barrer con la cúpula militar consensuada en período kirchnerista para remplazarla por una aliada, estilo Corte Suprema? También comenta Salinas que sí ocurrió una explosión desde hace una semana, esto era sabido y fue ocultado por el almirantazgo, y posiblemente también por altas instancias del poder político.

Salinas dice tener conocimiento de que el ARA San Juan pudo haberse colado a la zona de exclusión dispuesta unilateralmente por Reino Unido en torno a las Malvinas, y según otros observadores estaba haciendo maniobras conjuntas con la Marina de Estados Unidos a espaldas del Congreso, lo que abre la posibilidad de que se haya producido un accidente.

Además, se analiza que un corto circuito puede provocar un incendio, pero difícilmente deriva en una explosión. En este caso los expertos deben decir si un incendio puede hacer detonar los torpedos. De lo contrario se agigantará la sospecha de que pudo haber sido torpedeado por error. Este es el tenor de lo que surge en estos momentos en que la sombra de una tragedia de esta naturaleza invade el país y la incredulidad sigue creciendo.

El periodista Gabriel Fernández, director de La señal medios, señaló que el episodio está sirviendo al gobierno de Mauricio Macri “para instalar la necesidad de contar con el control estadounidense en nuestra región”. Añade que el destino de las naves argentinas, en la mente oficial, no será tan distinto del que se le otorgó a la Empresa Argentina de Soluciones Satelitales (ARSAT). Se está construyendo forzadamente un pequeño país primarizado, lejos de la tecnología e inerme para la defensa de su soberanía”.

“Ahora sólo resta que la demagogia liberal, difundida en altavoz por periodistas indignos, termine expresando que si se anulan los “gastos” en tecnología destinada a la Defensa, se podrán hacer más escuelas. Y que las grandes potencias del Norte están en condiciones de darnos una mano para monitorear el Atlántico Sur”, añadió: “Desde las aguas del Atlántico, emerge el verdadero rostro de la gestión antinacional”.

 Gobierno busca estrategia 

Para intentar neutralizar la crisis y ante el temor por el impacto político, el Gobierno seguramente optará por desplazará a la cúpula de la Armada. El Gobierno teme por la repercusión internacional y las críticas de los familiares, que cuestionaban a voz en cuello la forma en que se manejó la situación desde el primer momento. El equipo de comunicación que conduce el jefe de gabinete Marcos Peña eligió el silencio ante la situación y la única cara visible fue la del vocero de la Armada.

Aún el Gobierno no terminó hasta ahora de esbozar una estrategia clara. Las habituales cuentas de Twitter oficialistas (muchas de ellas fantasmas, otras tercerizadas) comenzaron a responsabilizar al Gobierno anterior por el arreglo que tuvo el submarino y que culminó en 2014, pero esta versión presenta algunos problemas concretos para el gobierno de Mauricio Macri: después de su puesta en funciones de nuevo en 2015, el submarino cumplió con viajes durante dos años, incluyendo en mayo de este año un ejercicio militar que incluyó el disparo de torpedos.

Además, en un informe ante el Congreso en 2016, el jefe de Gabinete sostuvo que el submarino tuvo “una reparación de ‘media vida’ del submarino ARA ‘San Juan’ que extendió 30 años más la vida útil del mismo y ya fue entregado a la Armada Argentina y se encuentra operativo en Mar del Plata”.

 Cómo se descubrió el sonido de la explosión 

El estallido en la zona donde navegaba el ARA San Juan fue detectado por dos sensores subactuáticos de la Comisión para el Control Integral y de Pruebas Nucleares, un organismo internacional con sede en Viena, Austria, que monitorea la existencia de explosiones nucleares en la superficie terrestre, en la atmósfera, debajo de la superficie de la tierra y en los océanos.

El ingeniero hidroacústico del Ctbto Mario Zanpolle indicó a Página 12 que “el análisis detallado lo empezamos a hacer el sábado, una vez que estaba claro que nuestro sistema había recogido algo inusual que podía tener algo que ver con el submarino argentino”. Explicó que los factores a partir de los cuales el sonido registrado por los dos sensores, ubicados en los océanos Índico y Atlántico Sur, pueden corresponder a la explosión del submarino son las características del sonido, el lugar en donde se lo ubicó y la hora. La jefa de prensa del organismo, Elisabeth Wächter, señaló que la información fue brindada recién el jueves al embajador argentino en Austria, Rafael Grossi”.

“Nosotros registramos datos durante las 24 horas del día para ver si hay alguna explosión nuclear”, advirtió Zanpolle, y aclaró que “el informe sobre el ARA San Juan lo hicimos por nuestra propia iniciativa, cuando nos enteramos acerca de la desaparición del submarino y detectamos sonidos inusuales en algunas estaciones hidroacústicas cercanas”.

Rubén Armendáriz
Investigador y analista uruguayo del Centro latinoamericano de Análisis Estratégico
(CLAE, estrategia.la)