Viernes 21 de Septiembre del 2018 - 07:41

CEOs al gobierno: La puerta giratoria en Argentina

El modelo económico actual se basa en potenciar la actividad financiera mientras se recorta el gasto público y los salarios.

Desde hace meses, la corrupción ocupa la agenda de debate público en todo el continente. Sin embargo, cabe preguntarse por un tipo de corrupción que está tan naturalizada por los medios privados que casi no se pone en tela de juicio: la llamada “puerta giratoria” entre la gestión pública y los negocios privados, un fenómeno que atraviesa a todos los gobiernos neoliberales. Analicemos brevemente el caso argentino.

La presidencia de Mauricio Macri, iniciada el 10 de diciembre de 2015, expresa dos rasgos novedosos en la historia argentina. Por primera vez, una formación partidaria de derecha llega al poder a través de mecanismos electorales. Y además, su gabinete está conformado casi en su totalidad por CEOs (chief executive officers) entrenados en grandes empresas, tanto de capitales locales como internacionales.

Esta última característica es lo que llevó a la creación del término “ceocracia”, que refiere a la implantación de la lógica de gestión del sector privado dentro del Estado. Por ende, el objetivo central de los empresarios se implanta en el seno del Estado: favorecer los negocios de las corporaciones, lo que Macri expresó como “abrir la Argentina al mundo”.

Como señala el sociólogo Gabriel Vommaro (autor de los libros “Mundo PRO” y “La larga marcha de Cambiemos”), “un tercio del gabinete proviene de la actividad privada y dos tercios que son políticos de larga data”. Pero el dato clave es tener en cuenta quiénes ocupan los cargos claves y de dónde vienen.

¿El mejor equipo de los últimos 50 años?

Cuando Mauricio Macri presentó su gabinete de ministros en 2015, días antes de asumir la presidencia, lo definió como “el mejor equipo de los últimos 50 años”. Pero este equipo es liderado por una mesa chica conformada por los tres adalides de Macri, a quienes definió como “sus ojos e inteligencia”.

Por un lado está Marcos Peña, jefe de Gabinete y mano derecha del presidente, quien filtra y define las líneas de acción y comunicación del gobierno y es el jefe de las campañas electorales. Es heredero de los Peña Braun, terratenientes vinculados al genocidio de la nación mapuche a fines de siglo XIX y dueños del monopolio de supermercados patagónicos La Anónima.

También forma parte Mario Quintana, millonario hombre del mundo de los negocios, ex CEO de Farmacity, que se jacta de ser una rareza en el gobierno de Macri porque “se hizo desde abajo”. El cuarto integrante de esa mesa es Gustavo Lopetegui, ex gerente de LAN. Quintana y Lopetegui formaron parte de la consultora internacional McKinsey, cuyo método de planificación y organización implementan desde la cúpula gubernamental. Juntos coordinan 22 ministerios, 13 organismos descentralizados y 16 empresas.

Un exponente destacado del poder económico en el gobierno es Juan Carlos Aranguren, ex CEO de Shell en Argentina y actual ministro de Energía. Desde su cargo, impulsó políticas a favor de las empresas petroleras y autorizó sucesivos aumentos en el precio de la electricidad y el gas. Todas estas medidas han impactado directamente en el ingreso de las familias, al encarecer los servicios públicos en forma significativa.

La otra cara del ajuste económico es Alfonso Prat-Gay, consultor por más de diez años de JP Morgan. Prat-Gay se desempeñó como ministro de Hacienda hasta diciembre de 2016 (año en que la inflación superó el 40%) pero fue apartado de su cargo luego de enfrentarse al presidente del Banco Central y adalid del actual modelo económico, Federico Sturzenegger.

Sturzenegger fue alto directivo de la petrolera estatal YPF luego de su privatización y venta a la trasnacional Repsol, ocurrida en la década de 1990. Además, integró el equipo del ex ministro de Economía Domingo Cavallo durante el gobierno de Fernando De la Rúa (1999-2001), siendo el impulsor del llamado “megacanje” de deuda, proceso por el cual los bancos se apropiaron de los depósitos de los ahorristas en el año 2001, en los momentos previos al estallido de la gran burbuja neoliberal. Por estos hechos Sturzenegger fue procesado por el Poder Judicial, aunque luego fue sobreseído.

De perfil bajo, estos funcionarios no encabezaron las listas electorales. Porque en su afán de lograr el poder político, el partido de Macri debió aliarse a la Unión Cívica Radical (actualmente fragmentado entre el oficialismo y la oposición) y el partido Coalición Cívica, de Lilita Carrió. Sin embargo, aunque aportaron gran parte de los votos, son contados los cargos políticos ocupados por miembros de estos partidos.

Por último, el actual gobierno se completa con dirigentes provenientes de las ONG (Organizaciones No Gubernamentales) desarrolladas durante los últimos veinte años como think tanks del PRO, partido político creado en el 2010 por Macri. Estas organizaciones -como la Fundación Creer y Crecer, más tarde el Grupo Sophia- reclutaron a jóvenes católicos de sectores medios formados en la gestión social desde una óptica empresarial. Tal es el caso de la actual gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, actualmente la figura política con mayor “imagen positiva”(según la consultara Synopsis, supera el 54% mientras que Macri alcanza el 40%) y potencial figura de recambio presidencial en 2019.

La gestión de la ceocracia

Los números muestran que desde la asunción de Macri a la presidencia se ha incrementado la desigualdad, de acuerdo a datos del propio Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC). Lejos de las promesas de campaña de “pobreza cero”, las estadísticas de la Universidad Católica Argentina (UCA) señalan una progresiva profundización de la pobreza que afecta principalmente a niños y adolescentes (el 48% está debajo de la línea de pobreza).

El modelo económico actual se basa en potenciar la actividad financiera mientras se recorta el gasto público y los salarios. A la par, se generan beneficios a los conglomerados exportadores (en su gran mayoría, empresas extranjeras), con la consiguiente fuga de divisas.

La receta económica de los CEOs, que expresa la escuela neoliberal en todo su esplendor, no logra cumplir ni siquiera sus propias metas. Con los medios de comunicación a su favor y la creciente represión de la protesta social, el empobrecimiento de los trabajadores y trabajadoras genera impactos de dimensiones incalculables en el presente y en el futuro. Se trata de un proceso en pleno desarrollo, guiado plenamente por la lógica del capital: socializar las pérdidas mientras se privatizan las ganancias.

* Este artículo fue publicado originalmente en la revista “América Latina en Movimiento” N° 531 (marzo de 2018), editada por la Agencia Latinoamericana de Información (ALAI). El tema especial de este número de la revista fue “La corrupción: Más allá de la moralina” y el título de esta nota fue “CEOs al gobierno, corporaciones al poder”.

Por: Micaela Ryan y Fernando Vicente Prieto