Viernes 21 de Septiembre del 2018 - 08:59

¿La casa de papel es feminista?

Desde que Nairobi dijo “Empieza el matriarcado” y “soy la puta ama” se corrieron rumores de que la serie es feminista. Un producto sumamente efectivo a la hora de conquistar a las masas, ¿quién lo duda? A esta analista le interesa el costado ideológico-feminista sobre la serie. Por Noemí Arzamendia.

Por Noemí Arzamendia

Empecemos por decir que el anarquismo romántico de La casa de papel es algo que se ha visto históricamente en el cine europeo y que impregna muy bien en el público argentino desde siempre. Podemos rastrear varias películas que tratan la temática, como La Revolución de los Claveles (Portugal) o Pájaros de Papel (España).

En la serie que nos ocupa este artículo, El Profesor, personaje central y autor ideológico y material del atraco a la Casa de la Moneda española, es un romántico en todo el rigor del término. Un revolucionario que hasta usa el himno “Bella Ciao”, todo un símbolo de lucha contra el fascismo italiano. Es muy fácil ponerse de su lado como espectador, porque es el héroe favorito de todos desde tiempos bíblicos. Queremos que David le gane a Goliat, que el débil programador de computadoras hackee al sistema y que el Profesor y su banda se lleven mucho dinero, pero sobre todo, compramos la idea de que el perjudicado sea el capitalismo y no un ser humano. Los rehenes debían estar bien y ser bien tratados. El país no iba a endeudarse para dejar a más personas sin trabajo, o en el paro, como dicen allá.

La idea antisistema de La casa de papel se reedita con el reciente fenómeno Podemos de España, el partido político que nació de los Indignados del 2011. Un grupo de jóvenes (el sector más castigado por la crisis de la burbufja financiera) que, cansados de los abusos del bipartidismo en connivencia con el sistema financiero, tomaron por semanas la Puerta del Sol, logrando que el público se ponga de su lado debido a su protesta pacífica. En esto la serie se hace eco y lo evidencia en una línea del Profesor hablándole del caso a su banda, mientras los entrena: “El público se pone siempre del lado del más débil. Recuerden a los Indignados”.

Si a este condimento de la rebelión le sumamos tomas tarantinescas, romance, explosivos y tensión sexual entre un ladrón (Denver) y una rehén (Mónica Gaztambide), o entre el jefe de la banda (El Profesor) y la Inspectora (Raquel Murillo), que lleva adelante la negociación del secuestro. Si además tomamos en cuenta el uso de la verdad como pivote, quién es el bueno y el malo de la historia: ¿El sistema financiero defendido por la policía, la justicia y los medios, o un grupo de ladrones populistas?, digamos que se puede hacer un producto interesante y atrapante para asegurar un entretenimiento efectivo. La casa de papel lo es, sin dudas, teniendo en cuenta el revuelo que produjo en los últimos meses a nivel global, tanto en medios como en redes o en charlas de entrecasa con familia y amigos.

Pero, ¿es La casa de papel feminista? Que le hayan concedido unas líneas atractivas a un personaje como Nairobi, inteligencia y astucia a Murillo, o el impulso sexy de Tokyo, ¿La hace feminista? Veamos.

En rigor hay que decir que, de diez personajes, tres son mujeres. Por un lado tenemos a la Inspectora Murillo: mujer fuerte y astuta en un cargo importante, quien había denunciado ser víctima de violencia doméstica por su pareja, este, a su vez, el jefe de la Policía Científica. Por otro lado, Tokyo: joven, atrevida, que actúa casi inconscientemente sobre todo lo que hace, pero con mucha puntería y fogosidad; y por último, y no menos importante, a Nairobi: mamá que abandonó a su hijo para ir a vender drogas, arrepentida de ese pasado; buena compañera de sus pares, alegre, sensible a la desazón humana y aguerrida.

Analicemos algunas situaciones, empezando por las que le tocaron a Nairobi, en quien podríamos decir que se ven más tintes feministas, aunque poco enunciados: Ya avanzada la trama, Berlín, quien comandaba dentro de la Casa de la Moneda, toma un par de decisiones erradas y graves, es interceptado por Nairobi, que toma el poder al grito de: “Empieza el matriarcado”, en respuesta a un prepoteo anterior de Berlín, que le había dicho que el grupo estaba regido bajo las normas del patriarcado. Si bien esto emociona, el “régimen nairobista” dura muy poco tiempo y su líder tampoco toma muy buenas decisiones. Una mujer que se mostraba fuerte, duda, falla, deja en evidencia su falta de experiencia. Nairobi era una muy buena falsificadora y contaba con un par de luces más. Pero no podía dirigir nada, según la construyen en esos dos capítulos.

Raquel Murillo, la inspectora al mando. Es sagaz, ya lo dijimos. Logró un cargo importante en una fuerza policial dominada por varones. Es víctima de violencia de género hacia el interior de su vida íntima, y su expareja es también colega. Una línea interesante para explotar, sobre todo para las feministas que estamos atentas a este tipo de argumentos. Sin embargo, se queda muy a un cuarto de camino. La terminan dejando en ridículo y de nuevo necesita de la fuerza del varón (esta vez el Profesor), para que alguien haga justicia sobre el asunto, ya que el exmarido viola permanentemente la restricción judicial de acercamiento que pesa sobre él.

Tokyo, bueno, es el personaje al que peor le va desde la óptica feminista, por su alta cosificación. Es casi siempre el elemento sensual y explosivo de la serie. Tiene una historia de amor tierna con otro miembro de la banda, el joven y sexy Río. Le toca el lado femme fatale de la serie, pero sin demasiado vuelo. Por momentos hace pensar en Corre, Lola, corre (película alemana de 1998). Una rebeldía poco justificada que se apoya en un compañero ladrón (desde su novio asesinado por la policía, hasta Río, el nuevo compañero del robo a la fábrica de dinero).

El feminismo es circular, se referencia en base al consenso, denuncia el maltrato de género, tiene otras connotaciones. Si bien Nairobi tiene más tintes que se pueden asociar al feminismo, por su sororidad (y aquí otro pasaje a remarcar es el del diálogo con una de las secuestradas al momento de descubrir que es violada por Berlín), sólo toma el poder para repetir el esquema vertical patriarcal por un breve lapso de tiempo.

También cabe destacar las líneas que tiene la personaje en su papel de dirigente de la fábrica de dinero, por momentos hace pensar en Eva Perón y sus descamisados.

Así que, queridxs lectorxs, habiendo dicho todo lo anterior, debemos concluir que, aunque a muches nos entusiasmaron con la idea, aunque la serie nos pareció entretenida y muy efectiva para captar público (especialmente la primer temporada), no es feminista. Utiliza rasgos de época actual para darle un gran atractivo más a la serie, al igual que lo hace con el anarquismo romántico, pero termina tratando muy livianamente –que entendemos que tampoco es su objetivo-, las denuncias históricas del movimiento y la necesidad de igualdad. Es momento para que reclamemos estos hitos también en la ficción.

Fuente: Agencia APU