Martes 23 de Octubre del 2018 - 12:40

Linchando a Fontanet: Una respuesta al periodista Fabregat

El 8 de mayo, el periodista de Página12 Eduardo Fabregat firmó un artículo (“Fontanet, el nadador”) donde cuestionó al ex líder de Callejeros, ahora en libertad. Falacias y mala memoria del periodismo progresista.

Por Yael Crivisqui | El pasado 8 de mayo, Página12 publicó una nota escrita por el periodista Eduardo Fabregat, en la cual carga las tintas contra Patricio Fontanet, ex líder de Callejeros y actual de Don Osvaldo, ante el estado público que tomó el hecho de que el cantante saliera en libertad condicional tras haber cumplido los dos tercios de su condena.

En su artículo, después de más de una década, Fabregat pretende contarnos sobre lo peligroso que era Cromañón, sobre los riesgos del uso de la pirotecnia en recitales, que para aquella época era una característica “festiva” habitual de la gran mayoría de las bandas de rocanrol, sobre cómo gerenciaba Omar Chaban y cómo funcionaban las autoridades gubernamentales.

Digo que pretende contarnos ahora, porque el periodismo filo progresista y rockero de aquellos tiempos conocía muy bien cómo funcionaba la movida del rock barrial. Conocía muy bien Cemento/Cromañón: muchos de ellos lo llamaban el “templo del rock”. Nos decían que ahí habían tocado grandes artistas consagrados. Todos, además, sabían de sobra quién era Chaban, la mayoría lo bancaba por ser quien “le daba espacio” a todas las bandas que iban surgiendo. Es decir, ya en aquel tiempo, quien escribió ahora ”Fontanet, el nadador” conocía que República de Cromañón era una bomba de tiempo, y que podía explotar en cualquier momento con cualquiera de todas las bandas que allí tocaban. Le pasó a Callejeros y con un público que, hasta ese entonces, no era consciente de sus desbordes.

Por su parte, en ningún momento Fabregat realiza una autocritica sobre su responsabilidad como comunicador; lejos de eso, levanta el dedo y acusa a Fontanet y a Callejeros de prácticamente haber orquestado la tragedia no natural más grande de nuestra historia, en la cual incluso murieron familiares y amigos de los integrantes de la banda. En dicha nota, además, el periodista utiliza argumentos que jamás pudieron ser probados por la Justicia y que incluso el fallo del Tribunal Oral 24 de 2009 refutó, absolviendo por ese motivo a los músicos. De hecho, la Corte Suprema terminó por confirmar dicha resolución.

Uno de los argumentos más falaces que usa Fabregat es el de la responsabilidad de los músicos por las tareas que debía hacer el Estado, por ejemplo, la habilitación del lugar. El trabajo de los músicos era ir a tocar aquella noche; las condiciones en las que se encontraba el lugar debían estar correctamente inspeccionadas por los distintos entes gubernamentales. Y así también lo entendió la Justicia, la misma que después decidió sin más revocar las absoluciones modificando la carátula. Por otro lado, dicho fallo dejó en claro que lo que causó la muerte de las 194 víctimas fue el humo tóxico que se generó por los materiales con los que estaba revestido el techo del local. Ese material permitió además la rápida propagación del fuego. A eso se sumó el funcionamiento de solo uno de los tres extractores de aire, la inexistencia de matafuegos y de salidas de emergencias, porque estaban cerradas con candados y trabas. Entonces, ni Fontanet ni los demás integrantes de Callejeros produjeron la muerte a su público y allegados.

Por nuestra parte, como generación y público, hemos hecho la autocrítica que correspondía. Reconocimos nuestras limitaciones y los desbordes de nuestras “fiestas” tomando consciencia, a tal punto que somos nosotros mismos los que pedimos parar los shows cuando alguien intenta volver a manchar nuestros recitales.

Todavía estamos a la espera de que el periodismo y algún que otro artista que pregona la hipocresía señalando a sus colegas, se llame también a la reflexión y deje los linchamientos mediáticos funcionales a la picadora de carne que son los medios de comunicación. En tanto, celebramos que Patricio haya recuperado la libertad, que vuelva a trabajar y que se reencuentre con su familia. Hoy, nuestra generación, también es un poco más libre.

Fuente: Agencia APU