Viernes 21 de Septiembre del 2018 - 15:11

El grito de Córdoba que marcó la lucha estudiantil

Entre marzo y octubre de 1918, estudiantes de la universidad Nacional de Córdoba lucharon contra el poder católico y conservador, para democratizar la Universidad. Reflexionamos sobre la más poderosa rebelión estudiantil de la mano del historiador Sergio Pujol y el sociólogo Aritz Recalde. Por Javier Tucci.

Por Javier Tucci

A cien años de aquella proeza impulsada por estudiantes que no sólo fueron radicales del partido de Yrigoyen, como quiso imponer parte de la historia, sino reformistas socialistas, colectivistas y hasta conservadores (unidos para darle una impronta científica e igualitaria a las formas en la que se instituía la Universidad por aquel entonces) nos venimos a enterar por la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María E. Vidal, que no hacen falta tantas universidades. Sobre todo las del conurbano dijo, esgrimiendo que los más pobres nunca llegarían a tal instancia de grado. Un mensaje de clase dirigido a miembros del Rotary Club, la verdadera idiosincrasia de las elites y los medio pelos. Frente a los dichos antipopulares del gobierno provincial de Cambiemos es que debemos analizar lo que realmente significó aquella reforma que está cumpliendo su primer centenario. Y para ello traigo las palabras que me dijo días atrás el colega comunista más peronista que conozco, Matías Bustelo: “Este es un país muy groso y a muchos no les conviene que su pueblo lo sepa. Debemos reconocer los impulsos de la reforma universitaria con exaltación, coraje y orgullo argentino, porque fue un hecho histórico de un pueblo que, aunque ahora no lo recuerde, nació con vocación universal, con el espíritu de la Revolución Francesa y con el mismo que se hizo el mayo francés 50 años después”.

La hora americana

La fecha simbólica que se le ha dado a la reforma es el 15 de junio, día en que miembros de la Federación Universitaria de Córdoba (FUC) -creada el 16 de mayo de ese año- irrumpieron en la sala del rector para evitar que se consumara la elección orquestada por las autoridades. Desde sus cimientos, el movimiento tuvo una proyección latinoamericana y antiimperialista que terminó de plasmarse en lo que se denominó el “Manifiesto liminar” de la Federación Universitaria de Córdoba, documento que fue redactado por Deodoro Roca y llevó como título “La Juventud argentina de Córdoba a los Hombres Libres de Sudamérica”, que en su epílogo dice: “La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa”.

Cuando le preguntamos a Aritz Recalde sobre el motivo por el cual aquella hazaña en manos de estudiantes reformistas quedó resonando en la sociedad como un acontecimiento exclusivamente de radicales, teniendo en cuenta que hasta el mismo Yrigoyen los reprimió, contestó: “La reforma fue pluripartidaria, diversa en lo ideológico, con tendencia a la izquierda y en las procedencias profesionales (médicos, abogados, etc.). Pese a la multiplicidad, se impulsaron nociones antimperialistas y sudamericanistas, tendientes a fundar una nueva cultura de cuño humanista. La relación con Yrigoyen fue de apoyo, de crítica y, luego, varios miembros se movilizaron a favor de la dictadura de 1930 que lo derrocó. Los reformistas promovían un mayor acercamiento de la universidad a la problemática social. En 1918 los sindicatos no eran prácticamente reconocidos legalmente y el ideario reformista no superó las contradicciones del contexto”.

Por su parte, lxs estudiantes continuaron su organización de lucha y el 9 de septiembre tomaron los edificios de la universidad, asumiendo su dirección con el objetivo de comenzar a dictar clases y tomar exámenes. Pero, a la vuelta de la esquina, las fuerzas de seguridad estaban aguardando agazapadas para reprimir con la orden del Ejecutivo nacional. Cabe señalar que un año después, el presidente Hipólito Yrigoyen continuaría reprimiendo la protesta obrera en los talleres Vasenas. Es en esta jornada, conocida como la Semana Trágica, en la que murieron alrededor de 700 trabajadores (aunque nunca se esclareció del todo la cifra real), método que luego utilizaría en las huelgas de la Patagonia Rebelde de 1922, tan bien retratadas por Osvaldo Bayer.

En tanto, Recalde expresa que “más allá del 18, la reforma transitó un camino político similar a los partidos nacionales. La UCR se dividió en 1922 y parte de ella recorrió los años 30 en acuerdo con el régimen del fraude electoral. Para 1930, miembros de las federaciones de estudiantes (FUA y FUBA) acompañaron el golpe de Estado contra Yrigoyen. Los siguieron en su vocación destituyente docentes y autoridades universitarias del Partido Socialista. Un sector de la reforma fue, públicamente, antiyrigoyenista, mientras otros siguieron acompañando al expresidente; como es el caso de la juventud de FORJA, que condujo la FUA en el año 1935. En los años 40 y 50 un sector del reformismo construyó una identidad que borró las consignas de origen. La ideología contestataria de la Reforma fue remplazada por un conservador sistema de defensa de privilegios universitarios adquiridos”.

Cabe destacar que en el transcurso del conflicto y a pedido de los estudiantes, el presidente Hipólito Yrigoyen intervino dos veces la universidad para que se reformaran los estatutos y se realizaran nuevas elecciones de sus autoridades. Al mismo tiempo y de inmediato, el movimiento comenzó a expandirse como un reguero de pólvora, no sólo a las demás universidades del país a través de la Federación Universitaria Argentina (FUA), sino a varias del continente, calando muy profundamente en Perú a la cabeza de Víctor Raúl Haya de la Torre, el fundador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana y José Carlos Mariátegui, como así también en Cuba, de la mano de Julio Antonio Mella.

Cambios que exigían lxs estudiantes frente a aquella estructura universitaria católica, elitista y capitalista

Aritz Recalde nos ofrece una síntesis en la que desarrolla lo siguiente: “En primer lugar la reforma fortaleció las nociones de autonomía y de cogobierno universitario. También impulsó un cambio de los planteles docentes, de la metodología y de la orientación de la enseñanza como así también dio pie a la politización de la juventud, siendo un catalizador para la constitución de agrupamientos y de federaciones estudiantiles en varios países de Sudamérica. En tanto, derivó en una corriente cultural y política de sentido americanista, antiimperialista y de orientación social”.

La utopía juvenil del 18 anticipó en medio siglo al Mayo francés de 1968 y otros movimientos juveniles de la década de 1960, etapa donde parte de aquel reformismo nacional recuperó la vocación de cambio político y social y fundó agrupaciones de inspiración revolucionaria y transformadora. Al ser consultado sobre por qué la reforma no tuvo la trascendencia que sí tuvo el Mayo francés, el autor de Intelectuales, Peronismo y universidad” sostuvo: “Tal cual destacó Haya de la Torre, la reforma fue el movimiento político más importante de inicios del siglo XX, luego de la Revolución Mexicana. Algunos partidos políticos recuperaron el ideario de cambio político juvenil y la vocación de compromiso social universitario. Por su parte, el Mayo francés se produjo en Europa y nuestros sectores medios miran siempre los sucesos extranjeros y de allí su centralidad. Igualmente, considero que la reforma de 1918 fue más importante en nuestro continente, que el proceso ocurrido en Francia”.

En la misma sintonía, Sergio Pujol dice: “Hablar de la reforma es hablar de uno de los hechos más importantes de contestación juvenil de todo el siglo XX. Tal es así que el recientemente fallecido profesor e investigador en Historia, Hugo Satas, cuando hablábamos del Mayo francés, de la rebelión cultural de los 60, decía que la Argentina era un país pionero en este aspecto porque muchos de los reclamos de los estudiantes de Nanterre no sólo habían sido planteados en el 18, sino que se habían hecho realidad. Así que podemos decir con orgullo nacional, en el mejor sentido, que 1918 es un momento de vanguardia para la Argentina”.

Lo que estaba ocurriendo en el mundo y en nuestro país

Entre tanta guerra y mundos que quedaban atrás para darle paso a los modernosos, locos e intrépidos años 20, encontramos algunos hechos y personajes que ya son hitos en la historia. El año 1918 vio nacer a varixs exponentes políticxs y de las artes.Entre ellxs lxs músicos argentinos Mariano Mores y Homero Expósito; el defensor de los derechos humanos y político sudafricano, Nelson Mandela y el cineasta Ingmar Bergman, entre otrxs. Fue el año en que se fundó la Unión Feminista Nacional al frente de Alicia Moreau de Justo. Vio la luz la obra para ópera y teatro L’Histoire du soldat (La Historia del soldado) de Ígor Stravinsky, como así también su segunda pieza, un concierto de nueve instrumentos solistas y percusión titulado “Ragtime”. Este se estrenó el 11 de noviembre, el mismo día que se firmó el armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial. El mismo año, el artista francés Marcel Duchamp se mudó a la ciudad de Buenos Aires escapando de la guerra y se asentó en una casona de la calle Adolfo Alsina 1743. Asimismo, el Gobierno soviético estableció el calendario gregoriano en lugar del juliano, fundó el Ejército Rojo y mandó a fusilar a la familia zarista. Hasta nevó en la ciudad de Buenos Aires registrándose –5.4°, la temperatura más baja de su Historia. En tanto, el 30 de agosto de ese año, la revolucionaria anarquista rusa Fani Kaplán intentó asesinar de tres tiros a Vladímir Ilich Uliánov, más conocido como Lenin y terminó fusilada el 3 de septiembre. Por último, el 9 de noviembre de ese año moría el poeta francés Guillaume Apollinaire, autor de “Las once mil vergas”.

Para tener una amplia caracterización pormenorizada de los estallidos culturales, sociopolíticos y artísticos de la época recurrimos a Sergio Pujol, quien sostuvo: “1918 es el año de la consolidación del tango canción, teniendo en cuenta que un año antes Gardel graba y estrena en vivo “Mi noche Triste”, considerado como el primer tango con letra narrativa que cuenta las tristezas y expectativas de un hombre solitario encerrado en su casa, añorando a la mujer que ha partido. El tema del abandono será un tópico en el desarrollo del género en los años siguientes”. Por lo tanto, es un momento de emergencia de nuevas formas de cultura popular que, indudablemente, están hermanadas al proceso político, a la llegada de las masas con una figura como Yrigoyen que los representa con todas sus contradicciones; un representante que ha sido votado por primera vez con el voto universal, excepto el de las mujeres, que tendrán que esperar hasta el gobierno de Perón para hacerlo. Son los primeros años de una democracia legítima, algo muy importante para la cultura popular”.

“En 1918 comienza con más fuerza el ingreso de formas culturales estadounidenses, algo que se profundizará en los años próximos; ingresan los catálogos de los sellos discográficos Columbia y luego la Casa Víctor, filiales que van a conformar catálogos tanto extranjeros como también para ofertar artistas e intérpretes populares argentinos. Del tango, con Gardel a la cabeza, comienza el ascenso del género y de algunos payadores y folcloristas que llegan a la ciudad de Buenos Aires, teniendo en cuenta que todavía el folclore no tenía tanta visibilidad en la capital donde están las industrias culturales”, se explaya Pujol.

Como cierre de esta nota compartimos algunas perlitas artísticas de aquel año que no hacen otra cosa que reafirmar ese dualismo o, en palabras de Carl Marx, esa dialéctica que confronta a las sociedades en su devenir histórico entre lo popular y lo conservador, entre lxs trabajadorxs y las elites patronales. Y es necesario decirlo de esta manera porque son las industrias culturales, entre ellas el arte musical, el teatro, el cine, escritos filosóficos, sociológicos y un sinnúmero de manifestaciones culturales, sociales, políticas y económicas, donde el ser continúa redefiniéndose para llevar adelante las riendas de una educación y sus consecuencias para la construcción de una República, depende quién se encuentre al mando de esas ideas que contemplen o no al pueblo.

Por todo lo expuesto, en este último párrafo le queremos recordar a la gobernadora de la provincia de Buenos Aires que, a cien años de aquel movimiento de raigambre anticapitalista y antiimperialista, las universidades de nuestro país gozan de muy buena salud, aunque recorten sus presupuestos y será desde esas aulas y pasillos donde se continúen dando las batallas por los derechos y las libertades del pueblo.

“Por lo tanto, es un momento de emergencia de nuevas formas de cultura popular que, indudablemente, están hermanadas al proceso político, a la llegada de las masas con una figura como Yrigoyen que los representa con todas sus contradicciones; un representante que ha sido votado por primera vez con el voto universal, excepto el de las mujeres, que tendrán que esperar hasta el gobierno de Perón para hacerlo. Son los primeros años de una democracia legítima, algo muy importante para la cultura popular”. “En 1918 comienza con más fuerza el ingreso de formas culturales estadounidenses, algo que se profundizará en los años próximos; ingresan los catálogos de los sellos discográficos Columbia y luego la Casa Víctor, filiales que van a conformar catálogos tanto extranjeros como también para ofertar artistas e intérpretes populares argentinos. Del tango, con Gardel a la cabeza, comienza el ascenso del género y de algunos payadores y folcloristas que llegan a la ciudad de Buenos Aires, teniendo en cuenta que todavía el folclore no tenía tanta visibilidad en la capital donde están las industrias culturales”, se explaya Pujol.

Como cierre de esta nota compartimos algunas perlitas artísticas de aquel año que no hacen otra cosa que reafirmar ese dualismo o, en palabras de Carl Marx, esa dialéctica que confronta a las sociedades en su devenir histórico entre lo popular y lo conservador, entre lxs trabajadorxs y las elites patronales. Y es necesario decirlo de esta manera porque son las industrias culturales, entre ellas el arte musical, el teatro, el cine, escritos filosóficos, sociológicos y un sinnúmero de manifestaciones culturales, sociales, políticas y económicas, donde el ser continúa redefiniéndose para llevar adelante las riendas de una educación y sus consecuencias para la construcción de una República, depende quién se encuentre al mando de esas ideas que contemplen o no al pueblo.

Por todo lo expuesto, en este último párrafo le queremos recordar a la gobernadora de la provincia de Buenos Aires que, a cien años de aquel movimiento de raigambre anticapitalista y antiimperialista, las universidades de nuestro país gozan de muy buena salud, aunque recorten sus presupuestos y será desde esas aulas y pasillos donde se continúen dando las batallas por los derechos y las libertades del pueblo.

Extradata

Para 1918, el pianista, director de orquesta y compositor argentino de tango Roberto Firpo logró aumentar su popularidad tocando su música en distintos cines para finalmente establecerse en el Gran Cine Florida, en el centro de Buenos Aires. Una anécdota cuenta que mientras el dúo Gardel-Razzano interpretaba su pasodoble “Que salga el toro”, en un momento la orquesta anuncia el nombre de la obra y Carlos Gardel, haciéndose el toro, se arroja encima de la orquesta.

Mientras tanto, el cine nacional mudo construía un choque de culturas entre criollos e inmigrantes, esa oposición entre campo y ciudad que dejaba entrever lo que era la vida en los conventillos y el otro por oposición, la figura del dandy porteño. También se estrenaron las películas Buenos Aires Tenebroso y La Garra porteña, del director Juan Glize, inaugurando así el primer realismo argentino en el cine mudo y El último malón, película en la que su director, Alcides Greca, recrea la última rebelión originaria, la de los Mocovíes, que tuvo lugar en San Javier, al norte de la provincia de Santa Fe en 1904.

A su vez, la cinematografía mundial estrenaba la película rusa The Last Tango, de los directores Vyacheslav y Viskovskij.

En Alemania, mientras tanto, veían la luz las películas Die Augen der Mumie Ma o Los ojos de la momia, y Carmen, del director Ernst Lubitsch, protagonizadas por la actriz polaca de ascendencia eslovaca, Pola Negri.

Durante 1918 se estrenó “After You’ve Gone”, una canción popular compuesta por el pianista y cantante afroamericano Turner Layton. La letra es de Henry Creamer con quien Turner trabajó en espectáculos de Broadway, mientras que la interpretación estuvo a cargo de Marion Harris. Dicha canción fue interpretada a lo largo de siglo XX y lo que va del XXI por infinidad de músicxs, entre ellxs, Ella Fitzgerald, Louis Armstrong, Django Reinhardt, Phil Collins y Fiona Apple.

Fuente: APU