Domingo 18 de Noviembre del 2018 - 09:41

Franca González: “Las emociones que moviliza el film tienen que ver con conflictos universales”

Hace 110 años atrás, existió un pueblo al norte de La Pampa argentina de lo que muy poco se habla. Su vida se cortó en 1912 y, en el presente, su territorio se encuentra cubierto de soja. Los chicos de una escuela rural de la zona descubrieron que algo brillaba en la llanura y decidieron investigar para saber de qué se trataba. Eran los miles de fragmentos de aquel pueblo, desparramados y removidos por el arado. Franca González tomó esta historia como punto de partida para dar vida a Miró.

Las huellas del olvido (2018), un largometraje documental que, a lo largo de 90 minutos, se aventura y excava el pasado oculto e inasible de Miró. La directora dialogó con EscribiendoCine y, en referencia a este tema, sostuvo que “en las condiciones actuales de producción, cada vez va a ser más difícil hacer películas como ésta, dónde lo que se cuenta no es grandilocuente, ni arrastra públicos en masa”.

¿Cómo nace la idea de Miró. Las huellas del olvido?

En el 2006 filmé Atrás de la vía en La Pampa, y desde entonces buscaba alguna historia que me movilizara lo suficiente como para volver a filmar a mi lugar de origen. En el 2014 leí un artículo en Tiempo Argentino que me llamó la atención: los chicos de una escuela rural, al norte de la Pampa, habían descubierto un pueblo enterrado debajo de plantaciones de soja. Estaban haciendo un picnic cerca de una estación de tren abandonada y vieron que había destellos sobre la llanura. Hacía poco había pasado el arado y al romper la tierra, habían quedado al descubierto miles de fragmentos de vidrio, losa, cerámica, metales. Era evidente que algo había pasado allí. Pero lo más curioso, era que casi nadie en la región, recordaba la existencia de ese pueblo. Esa ausencia, ese vacío, esa falta de memoria tan cerca del lugar donde nací, fue el principal disparador.

¿Cuál es el mensaje que buscas dejar en el espectador con el film?

Espero simplemente que el espectador se emocione, que se sienta activo e interpelado frente a la pantalla. Miró. Las huellas del olvido es una especie de inmersión en atmósferas e historias de otros tiempos, pero que tienen un fuerte anclaje en el presente. Las emociones que el film moviliza tienen que ver con conflictos universales: cómo sobrevivir a los sueños truncos, a los fracasos. Constatar que todo lo que está oculto u olvidado, en algún momento puja por emerger. Cueste lo que cueste.

¿Cómo podrías describir el proceso de realización de la película? ¿Cuánto tiempo se tardó?

Fue un proceso de tres años y medio. Más allá del tiempo dedicado a la investigación, me llevó un tiempo encontrarle la forma a la película, a lo que realmente quería contar a través de ella. A buscarle un sentido y no dejarme llevar por el impulso de contar conflictos secundarios que se derivaban de la historia. El montaje duró un año, y fue muy difícil dejar de lado escenas que me encantaban, pero que no aportaban al pequeño relato en el que centra la película.

¿Cuáles fueron las mayores dificultades que tuviste que enfrentar hasta tener materializado el film?

Las mayores dificultades fueron climáticas. La Pampa, que por los años en que existió Miró era un territorio desértico cubierto de médanos, en el 2016 y 2017 estaba gravemente inundada. Desaparecieron las rutas y los caminos de acceso al campo. No había modo de llegar al lugar de filmación. Por otra parte, se complejizó mucho el modo de producir ante el INCAA, lo cual hizo que todo se hiciera más lento y tedioso.

¿Cómo podrías describir el camino que te llevó a reunir todas las voces que dan vida a la película?

Me llevó a enfrentarme a ciertas contradicciones. Por un lado, llegué a esta película habiendo crecido en muchos aspectos. Entre ellos, se logró filmar con un equipamiento atípico para un documental. Filmamos con una cámara Alexa Classic y lentes Ultra Prime. Todo un lujo. Pero ese lujo implicaba una parafernalia en equipos de imagen y sonido, que a veces inhibían a los personajes de la película. Para mí, la frescura, la intimidad de los testimonios, es clave. Frente a esto, tomé una decisión un tanto artesanal: las voces en off más bellas de la película, están registradas con un grabador de mano. Son charlas improvisadas, tranquilas, sin presiones. Con tiempo, ese tiempo que sólo manejan las personas mayores.

En la actualidad, ¿Qué lugar creés que ocupan las temáticas de este tipo en el cine documental nacional?

No lo sé. Sólo puedo decirte que, en las condiciones actuales de producción, cada vez va a ser más difícil hacer películas como ésta, dónde lo que se cuenta no es grandilocuente, ni arrastra públicos en masa.

¿Estás trabajando en nuevos proyectos de cara al futuro en la industria cinematográfica?

Por ahora no. Necesito que Miró. Las huellas del olvido salga de mi cabeza. Después del estreno, recién podré ponerme a pensar en nuevos proyectos.

Fuente: EscribiendoCine