Martes 16 de Octubre del 2018 - 15:54

Natalia Carrizo: “Los poetas con visiones y convicciones seguimos naciendo”

Natalia Carrizo es una escritora, feminista y fotógrafa del conurbano bonaerense. En el 2016 publicó su libro de poesía “No somos diezmo”. A principios de este año un texto de su autoría, “resista”, empezó a circular por las redes, pero atribuido a Paco Urondo. A continuación, ella reflexiona sobre esto y sobre el lugar que tienen los escritores en estos tiempos.

Por Natalia Carrizo

Cuando publiqué el primer libro, tomé la decisión de que, en la portada interna, debajo de mi nombre, rezara una leyenda que dice: “Este libro se escribe aún, con la expansión en quien lo lee. Cada cual ve hasta donde alcanza su horizonte”. Quizá esa fue mi forma de expresar la convicción de que, si toda literatura o arte es un puente, el escritor o el artista sólo es una orilla cimentando ese puente, que acaba sostenido por quien atiende la obra. Es mi manera de concebir el arte: la obra no se produce hasta que es recogida y acogida por otro distinto del que la inicia. Los hechos artísticos tienen creadores, pero no tienen dueño; son recreados por quien los recoge para sí y existen tantas veces como personas los apropien.

En términos generales, la poesía no pierde renglones en explicarse, es parte de su magia. El sentido corre libre, se deja suspendido, se completa en la asignación de sentido que hace el lector de esos versos. Cuando hablamos de poesía libertaria, o militante, esa que no busca agitar la capa de lo sensible sino perforar la capa insensible, la costumbre y la mansedumbre, se da bien a las claras que sin Otro no hay obra. Ya no crea un Yo-Diciente sino un Yo-Convocante.

En el caso de este poema, lo que pasó a nivel obra, es hermoso. El poema halló su Otro, y se halló a sí mismo; creo íntimamente que el texto siempre pertenece a quien en él se pertenece. Que quienes se leyeron en sus palabras lo hayan compartido, representado o colectado alguna frase para pintar sobre una bandera, vuelve a significar sus versos en todos esos contextos particulares, viene a decir algo más. Entonces, no importa quién lo firme. Cómo terminó firmado por Paco Urondo, no lo sé. Puedo suponer que al circular entre mensajes privados y grupos se halla perdido mi firma, y ante esa falta, otro haya reasignado esas palabras a un conocido poeta con tradición militante; quizá hasta en una búsqueda de darle autoridad a ese texto por el que se sintió acompañado o representado, a través de suponerle o asignarle una autoría consagrada, una autoría irrebatible. Paco Urondo, es eso, un poeta de enorme talla, que además fue un hombre de enorme talla, un revolucionario.

Alguien digno de decir: Resista. Pero en un cuestionamiento al tiempo que nos toca, me pregunto cuánto de que esa reasignación de autoría tendrá que ver con el supuesto anacronismo de la lucha en el que estamos embaucados, como un mal que se extiende bastante en nuestros corazones. Los poetas con visiones y convicciones seguimos naciendo. Los textos que apuntan contra los sistemas de opresión y los dispositivos de control se siguen escribiendo.

El arte subvierte, y si lo hace, libera, libera el pensamiento, que es un pie para liberar la acción. En el imaginario colectivo, la lucha quedó sitiada en el pasado, en la impotencia frente a este presente donde la intimidad se desdibuja y todo está bajo control; como si sólo restaran, para mirar y transitar el hoy, la melancolía y la memoria. Hay que romper esa falsedad que nos conduce refunfuñando en ruedas sobre el destino. Dejar de asumirnos imposibles. Esas voces siguen (seguimos) existiendo. Existe una disidencia que no es muda, que no es manca.

Para nosotros la lucha no se terminó en los setentas, nosotros no nos damos por vencidos. Y cuando digo nosotros no hablo de poetas militantes, hablo de todos los que pensamos que esto tiene que ser distinto. Ahora que se propaga la idea de que sólo se existe desde la propia imagen, animarse a existir desde las propias ideas, es en sí una forma de resistencia; ejercerse auténticamente es parte de una contraofensiva; y en estas ciudades desoladas donde vivimos amontonados y aislados, encontrarse con otros desde el afecto, es una forma vital de organización. Los que decimos no, seguimos naciendo. Y en este sentido, sí importa quién firma el texto, porque importa cuándo se escribió. Ese poema se quiso hacer palabra desde la potencia frente al presente, frente a este presente; no es un suspiro de la esperanza en la respiración de la memoria, es un arrebato sobre el ahora. Es un tirante puesto sobre esta orilla del puente. Por eso creo que vale la pena rescatar que fue escrito en estos tiempos de adormecicracia, control social y miseria; y en consonancia con los focos actuales de resistencia, creo también vale rescatar que fue escrito por una mujer.

Resista. Exista. Encuentre entre sus afectos la ciudad habitable.

Organice la solidaridad. Cuide a los suyos, teja redes. Comparta el plato de comida cuando falte.

Abrace y contenga. Déjese abrazar y pídalo cuando haga falta.

Lo quieren quebrado. Lo quieren asumiéndose imposible. Lo quieren muerto por dentro y esclavo.

Grite cuando haga falta, mascullar hace mal al alma y a los dientes.

Renuncie a la resignación. Anuncie la exasperación. Contagie.

Camine un poco más pero elija siempre a los propios, cada cual merece el jugo de los trapos que no lava. Esto es parte de la justicia.

No practique la empatía con los hijos de puta, puede convertirse en uno de ellos.

A la estética, ética.

Esquive la anestesia general.

Diviértase, pero no se entretenga.

Ria como una espada. Sueñe como un escudo.

Practique la memoria del futuro haciéndose presente.

A la supervivencia, vivencia. Avive la llama.

No se acostumbre.

No se acostumbre.

No se acostumbre.

Exista en la identidad.

Resista la autoridad.

Encuentre entre sus afectos la ciudad habitable.

Natalia Carrizo

Fuente: APU