Martes 16 de Octubre del 2018 - 15:12

Floreal Ruiz y el tango que ocultamos mejor

¿Por qué el Indio lo menciona a él y no a aquellos cantores que en el ámbito del rock siempre fueron más reconocidos? En esta nota, el poeta Miguel Martínez Naón desentraña por qué este cantor se ha convertido en uno de los cantantes preferidos del músico.

Por Miguel Martínez Naón

“Uno no sabe por qué es elegido, eso lo decía ‘el Tata’ Floreal Ruiz, un cantante de tango que no tenía mucha voz pero que es uno de mis preferidos. Él cantaba y parecía que pasaba un tipo chiflando por la vereda de tu casa. Nunca sabés por qué la gente te quiere” (Indio Solari)

Estamos invitados a formar parte de este suplemento dedicado a todos aquellos seres queridos (músicos, poetas, escritores, cineastas, revolucionarixs, etc.) por quienes el Indio Solari guarda una especial devoción, y podrían ser considerados como sus influencias, celebrando también la llegada de su último trabajo discográfico El ruiseñor, el amor y la muerte. Así, se está rindiendo honor a gigantes como William Burroughs, Alfred Jarry, Luis Buñuel, Werner Herzog, Chet Baker, la Pasionaria y Evita, entre otrxs.

Aclarado esto iremos tanteando aquel mundo de Floreal “El Tata” Ruiz, el de las incipientes orquestas de los 40 hasta los duros años 60 y 70 en los que el tango sufrió una relativa marginalidad.

¿Por qué el Tata Ruiz? ¿Por qué el Indio lo menciona a él y no a aquellos cantores que en el ámbito del rock siempre fueron más reconocidos? El Polaco Goyeneche, Julio Sosa, Edmundo Rivero, por mencionar algunos. Siendo que estos han cobrado siempre un mayor reconocimiento en las últimas décadas.

Veamos un poco quién es ese tal Floreal Ruiz:

Su padre, un anarquista de oficio tapicero, le puso de nombre Floreal (sus hermanos se llamaban Fraternidad y Libertario). El joven, luego de ayudar un tiempo en la tapicería y dedicarse al reparto de leche y pan, comenzó a cantar serenatas junto a su amigo Hugo del Carril.

En 1938 se incorporó a la orquesta de José Otero y en 1939 grabó la “Marcha del Club Platense”. En la década del 40 (la época más gloriosa del tango) formó parte de las orquestas de Alfredo de Angelis y Aníbal Troilo, pero tal como opina el biógrafo Ricardo García Blaya no consiguió en aquel momento un merecido reconocimiento, ya que surgieron muchísimos otros cantores de un nivel excepcional, y sobre todo porque le tocó reemplazar en la orquesta de Pichuco a Francisco Fiorentino y actuar al lado del exitoso Alberto Marino, que era el cantor de moda.

Los tangueros de buen gusto coinciden en que este gran cantor se diferencia del resto por su voz limpia y sin estridencias, un estilo sin recursos falsos ni sobreactuaciones.

El Tata Ruiz siguió cantando hasta el último día de su vida, aquel 17 de abril de 1978, no sin antes cantar en las grandes orquestas de Francisco Rotundo, José Basso, Osvaldo Requena y Raúl Garello.

Vale recordar también sus grandes interpretaciones a dúo: “Palomita blanca” con Alberto Marino, “Lagrimita de mi corazón” con Edmundo Rivero”, “El viejo vals” con Enrique Campos”, “Un placer”, con Alfredo Belusi y “Viejo café” con Jorge Durán.

Ropa sucia

En su tema “Ropa sucia”, el Indio con Los Redondos expresa: “El tango que ocultamos mejor, del que preferimos no hablar, es el que nos tiene anarcotizados”.

De aquello de lo que preferimos no hablar está compuesta la atmósfera de las canciones, tanto de los Redondos como del Indio solista. La música y el lenguaje (mucho lunfardo) están atravesados por la mitología tanguera. Ahora sólo se me ocurre mencionar “Canción para naufragios”, que por su clima piazzollero lo asocio (no sé bien por qué) con el tango “Buenos Aires hora cero”. Por su parte, “Etiqueta negra” me remite a los tangos “Desencuentro”, “Serafin” o “Malevaje” por la grotesca descripción de esos personajes caídos en desgracia con el paso del tiempo.

Y así podríamos seguir y seguir mucho tiempo bailando en el regocijo de esas letras y esa gran pasión ricotera que tanto se asemeja a la diablura del tango (Esa ráfaga, el tango, esa diablura, decía Borges).

Desde algún rinconcito de Finisterre también está Floreal conspirando en las orquestas actuales donde comienzan a sonar las obras de Solari. Tal es el caso de Orquesta Típica Ciudad Baigón. También el dúo La Chicana grabó una maravillosa versión de “El tesoro de los inocentes”.

Tanto Floreal Ruiz como el Indio son cantores punzantes, de voces claras, que se valen de sí mismas, que despiertan la emoción de todas las épocas en que hemos resucitado.

Son…cómo decírtelo…Son pájaros de la noche, que oímos cantar y nunca vemos.

Fuente: APU