Jueves 20 de Septiembre del 2018 - 12:16

Se cumplen 45 años del Golpe Militar contra el presidente Salvador Allende

Este martes 11 de septiembre se cumplen 45 años del golpe de Estado en contra el presidente socialista de Chile, Salvador Allende.

El asedio político, el clima de desestabilización, la desinformación, la tergiversación y la manipulación fueron los protagonistas para abonar el camino previo a uno de los golpes militares más sangrientos de la historia Latinoamericana.

La derecha chilena contó con la complicidad de grandes corporaciones mediáticas. Los diarios El Mercurio, Tribuna y La Tercera destacaron como los más activos en el plan golpista, y sobrevino la dictadura militar encabezada por el general Augusto Pinochet, quien gobernó de facto por 17 años y medio.

En este período se contabilizan más de 3.200 personas asesinadas, casi 1.200 desaparecidos y 34.000 personas que sufrieron torturas y fueron encarceladas injustamente, además de un gran número de chilenos que se vieron en la necesidad de huir de su país para salvar sus vidas.

En la madrugada del martes 11 de septiembre los barcos de la Armada, que habían zarpado el día anterior para participar junto a buques estadounidenses en unas maniobras militares, regresaron a Valparaíso. Unos pocos cañonazos bastaron para ocupar las calles del puerto, la Intendencia y los centros de comunicación. Eran las 6 de la mañana.

Después de tratar inútilmente de comunicarse con los jefes de los tres ejércitos, Allende tuvo claro que los tres cuerpos estaban conjurados en el golpe. Entonces empezaron a sentirse los primeros disparos entre golpistas y francotiradores instalados en los edificios públicos próximos. A las 9:20 de la mañana, Allende habló por última vez a través de Radio Magallanes. Con emotivas palabras, en el que sabe será su último discurso, se despidió del pueblo chileno.

Salvador Allende se había convertido en el líder natural de la izquierda chilena desde mediados de los años cincuenta. Impulsor de la fórmula conocida por la vía chilena al socialismo, una vía pacífica, que postulaba un socialismo democrático y pluripartidista, en las elecciones del 4 de septiembre de 1970, encabezando la candidatura de la UP -coalición que integró a todos los partidos de izquierda chilena, recibió el 36,6 de los votos, casi dos puntos más que el derechista Jorge Alessandri y nueve más que el democristiano Radomiro Tomic.

En las legislativas de marzo de 1973, la UP aumentó el respaldo hasta el 45 por ciento de los votos, pero fue insuficiente para conseguir la mayoría de las dos Cámaras. Allende dirigió el país durante tres años con la oposición del Congreso y una parte de la sociedad, antagónica a sus ideas. Su voluntad de disminuir la pobreza y las desigualdades no tuvieron el suficiente apoyo social. La sociedad chilena se fue polarizando cada vez más y el centro político se hundió. Además, la misma UP, en demasiadas ocasiones, le proporcionó un apoyo político endeble y fragmentado.

EL PAPEL DE ESTADOS UNIDOS

La masiva desclasificación de documentos estadounidenses sobre el golpe de Estado en Chile en 1999 y el año 2000 confirmó la responsabilidad de Washington en el derrocamiento de Allende. Los documentos de la CIA, el Pentágono, el departamento de Estado y el FBI señalaron que desde la elección de Allende en 1970, el entonces presidente Richard Nixon autorizó al director de la CIA, Richard Helms, a socavar al gobierno chileno por temor a que el país se convirtiera en una nueva Cuba.

De hecho, la agencia realizó operaciones encubiertas en Chile desde 1963 a 1975, primero para impedir que Allende fuera electo –sobornando a políticos y legisladores-, luego para desestabilizar su gobierno y, tras el sangriento golpe, para apoyar la dictadura de Pinochet. Los documentos también revelaron que la CIA pagó 35.000 dólares a un grupo de militares chilenos implicados en el asesinato, en octubre de 1970, del general René Schneider, comandante en jefe del Ejército y leal a Allende.

LAS VÍCTIMAS

El Estadio Nacional se convirtió en el mayor campo de detención, cerca de 30.000 partidarios de la UP fueron hechos prisioneros, torturados y muchos asesinados, entre ellos el cantautor Víctor Jara. Según el informe Rettig (1991), murieron a causa de la violencia 3.196 personas, de las que 1.185 fueron detenidos políticos desaparecidos, de las que pocos han sido encontrados e identificados. Pero estas cifras son de muertos y desaparecidos comprobadas meticulosamente tras las denuncias recibidas por la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, creada en 1990. Otras fuentes elevan las cifras significativamente.

La última víctima ilustre de aquel luctuoso septiembre chileno fue el laureado poeta Pablo Neruda. Falleció el día 23. El funeral se convirtió en la primera manifestación contra la Junta Militar. Su muerte todavía es un misterio. En febrero del año 2013, su cadáver ha sido exhumado para intentar aclarar si falleció como consecuencia del cáncer de próstata que padecía o fue envenenado, la cual todavía está siendo investigada.

LECCIONES

Es 11 de septiembre y es importante, muy importante, recordar el golpe de Estado contra el gobierno de Salvador Allende. Por lo que significó, por la experiencia histórica que supuso, por el aprendizaje para los revolucionarios.

En estos 45 años que van desde 1973 los métodos y prácticas de la derecha no han cambiado. Ellos, la burguesía y el capital financiero tienen claro qué hacer cuando se le tocan sus intereses de clase. En estos días, en otros países, está sucediendo lo mismo que tuvo que soportar el gobierno de la Unidad Popular: acaparamiento de alimentos para crear mal estar social, sabotajes a las industrias básicas del país, boicot de toda índole, bloqueos financieros y de productos, bandas terroristas ligadas a la delincuencia organizada matando gente, guerra en las cámaras de diputados, campañas mediáticas internacionales de calumnias y desprestigio, ni-nis con el sempiterno discurso de ni unos ni otros… todo vale, ellos lo tienen claro. El poder es lo único importante y si no se tiene hay que ir a por él al precio que sea.

Con el gobierno de Allende también se puso sobre la mesa -un vez más, pero de un modo claro- los límites de la democracia burguesa para emprender cambios verdaderos, la acumulación de fuerzas para realizar saltos históricos dentro del sistema. La experiencia chilena fue también una auténtica escuela para debatir sobre reforma o revolución. Con Allende homenajeamos a los cientos, miles de personas torturadas y asesinadas, compañeros y compañeras.

Fuente: Aporrea.org