Martes 16 de Octubre del 2018 - 15:36

Muestra de pinturas de Numa Ayrinhac en el Museo Evita

Francés de nacimiento y pigüense por adopción, fue el único retratista oficial de Evita. Sus obras forman parte de la iconografía clásica del primer peronismo y padecieron el odio antiperonista de 1955. La exposición permanecerá abierta hasta el 11 de noviembre.

Por Diego Kenis

Hasta el domingo 11 de noviembre próximo permanecerá abierta, en Lafinur 2988 de la Capital Federal, una exposición denominada “Retratos de familia”, que reúne obras del pintor Numa Ayrinhac, a cuyo pincel se deben buena parte de las imágenes que conforman la iconografía clásica del primer peronismo.

Así lo informó en su sitio oficial el Museo Evita, que depende del Instituto de Investigaciones Históricas presidido por Cristina Álvarez Rodríguez, diputada nacional por Unidad Ciudadana y sobrina nieta de Eva Duarte.

Hijo de un carpintero y una modista, Ayrinhac estudió en Buenos Aires con Ernesto de la Cárcova, que para entonces venía de crear su célebre Sin pan y sin trabajo. Pronto se constituyó en un notorio paisajista y retratista. Sus pinturas eran publicadas por el diario La Nación y eran objeto de admiración y consumo de la alta sociedad porteña, que llegaría a aborrecerlo cuando se convirtió en retratista oficial del entonces presidente Juan Domingo Perón, Evita y la familia Duarte, por disposición de la propia abanderada de los humildes.

Había nacido al otro lado del mar, en Espalion, en la región francesa de Aveyron, en 1881. Su familia fue de las primeras en llegar a la colonia aveyronesa fundada tres años después sobre la tierra serrana antes arrasada, el original Pi Hué mapuche que pasaría ser el Pigüé actual, en el sudoeste bonaerense.

Ayrinhac vivió casi setenta años, hasta marzo de 1951, y no llegó a ver la desaparición de varias de sus obras por hordas que se autocalificaban como revolucionarias y libertadoras. Moriría unos meses antes que Evita, a quien inmortalizó para la portada de La razón de mi vida. Ese fue uno de los cuadros destruidos por el odio antiperonista que se convirtió en ley suprema con la dictadura de 1955.

La muerte le evitó la tarea de pintar años tristes, que se multiplicarían desde entonces. Su cuadro más famoso retrató en cambio los días felices del peronismo, con la pareja vestida de gala, Perón de civil y Evita con la sonrisa juvenil de sus 27 años. Esa obra ilustró hace dos décadas y media una de las más estremecedoras escenas de Gatica, el Mono, la película de Leonardo Favio. Años después presidió, en la Casa Rosada y bajo tiempos más generosos, varios de los discursos de la entonces presidenta Cristina Fernández. La foto principal de esta nota da testimonio de ello.

En 1895, el censo nacional pasó por Pigüé, para actualizar la estadística cotidiana y regalar un dato a la posteridad. Más de un siglo transcurrió desde la pregunta del censista: ¿y usted, muchacho, qué es? “Pintor”, respondió aquel niño de trece años.

Fuente: APU